Simplificaban sus motos de baja cilindrada al mínimo quitando todas las piezas innecesarias, las modificaban para que fuesen más rápidas y competían con ellas entre café y café. Barato, rápido y peligroso.

Era la interpretación británica del greaser americano. Jóvenes, de clase obrera, escuchaban rock n’ roll, llevaban chaquetas de cuero, y tenían la suerte de vivir en los 60, la década más revolucionaria y liminal de la historia contemporánea. Los «rockers» o «ton-up boys» no solo inventaron y desarrollaron la moto Café Racer, sino que fundaron la cultura que hoy cimienta Agreste.

Source: Terrence Spencer/The LIFE Images Collection via belstaff.eu
Fuente: Terrence Spencer/The LIFE Images Collection via belstaff.eu

Hoy, undercuts, raw denim pesado, botas engineer y motos custom con estética sesentera inundan eventos como el Motorbeach, Wheels & Waves o Bike Shed; que son para nosotros lo que el Club 59 para los rockers. Dos o tres días en los que se respira autenticidad, nostalgia pretecnológica y gasolina.

Para muchos, ya no es ni barato ni fácil. Tardan años en montar su moto perfecta, buscan la pieza exacta que necesitan por todo el mundo y llevan la misma chaqueta hasta la saciedad. Es quizás una reacción a la cultura moderna de lo inmediato, barato, de vida corta y reemplazable; una microsociedad donde se le rinde culto al tiempo, la perfección y la originalidad.

Dado que esta nueva ola de motos custom no es un movimiento contracultural de una juventud aislada como los rockers, es promovida y publicitada. La resultante exposición constante de la escena online y en la vida real, no sólo no es perjudicial, si no que premia a aquellos que aportan una visión original, lo que ha fomentado una estética interesante y ecléctica tanto en lo referente a motos como a vestimenta. El objetivo ya no sólo es ser el más rápido.

Talleres españoles como Ad Hoc, KiddoCRD,  son vanguardia del movimiento custom bike; y quizás veamos a algunos de ellos pronto. 😉