¿Quién no recuerda esperar a que el sol bajara para poder salir a la calle a tomar la «fresca» cuando era pequeño?

Sin duda uno de los momentos más deseados de los calurosos días mediterráneos es salir a tomar el aire cuando el sol se esconde para poder corretear por las calles y ver a los amigos. Es en ese momento cuando los niños aprovechan para jugar con los vecinos y amigos del barrio, mientras los más mayores se sientan en las puertas de sus casas para conversar y hablar, cualquier tema es bueno.

Y es que el verano es tiempo de diversión, de viajar, y de disfrutar. De estar relajado y, aunque no se pueda ir fuera del pueblo, también de hacer pequeños momentos especiales en nuestra habitual rutina. Es por eso que salir a la fresca en Valencia, tomar el fresco o echarse a la fresca, varias opciones para llamar a un ritual que cada verano se repite en calles y pueblos, se convierte en un momento especial en el día a día de los valencianos.

Pero, ¿por qué se le llama de esta forma? Antiguamente las personas mayores remojaban el suelo de sus casas por la tarde para refrescar la calle donde vivían y paliar el calor que desprendían las aceras. De ahí que se le denomine a ello con el término fresco. Además, las personas siempre han buscado el sitio más venteado y por lo tanto fresco, normalmente en las esquinas para poder refrescarse del bochorno y el calor sofocante de los meses de verano.

Las mejores prácticas por la que puedes identificar que unas personas están «tomando la fresca» son:

1. Gente mayor sentada junta en un mismo espacio

Cuando vemos a gente (en su mayoría mayor) reunida hablando entre ellos es un indicio que estas personas están tomando la fresca. Además, si escuchamos algún cotilleo entre sus conversaciones, nos lo acaban de confirmar. Y es que en estas tertulias vespertinas, los secretos y cotilleos vecinales son el principal atractivo.

2. Las sillas como mobiliario principal

Las sillas tradicionales de mimbre han dado paso a las de plástico, pero todas son buenas para poder sentarse y hablar de temas variados mientras los hijos o nietos juegan alrededor de ellos. En ocasiones, las sillas se vuelven más que un asiento, donde se puede cenar y alargar la noche entre tertulia hasta largas horas de la noche.

Salir con la silla a la calle se ha convertido en un tradición durante décadas que con el tiempo se ha ido perdiendo, dando paso a los teléfonos móviles y el uso de las redes sociales. Volvamos a rescatar la conversación entre los vecinos como el centro de la vida social, rescatemos «tomar la fresca», porque las buenas costumbres no deberían perderse nunca.

Cuéntanos, ¿qué te parece esta costumbre valenciana?